¿Por qué importa que al Papa le gusten los dulces 'Peeps'? Sobre la humanidad y la evangelización de la normalidad

Puede parecer una trivialidad, una nota de color en medio de las noticias serias que emanan del Vaticano. Pero el hecho de que el dulce favorito del Papa León XIV sean los "Peeps" —esos pollitos de malvavisco de un amarillo casi radioactivo que, como bromeó la experta Inés San Martín, "no tienen ningún ingrediente que provenga de la naturaleza"— es más significativo de lo que parece. En una era donde las figuras públicas son a menudo idealizadas o deshumanizadas, estos pequeños detalles "terrenales" son un puente. Nos recuerdan que el Sucesor de Pedro es también un hombre con gustos sencillos, incluso peculiares, y en esa normalidad reside una poderosa forma de evangelización. 

La anécdota, compartida en el podcast "Descifrando a León", generó risas y comentarios, pero también nos invita a una reflexión más profunda. La revelación de que el Papa extraña conducir o que se comió con gusto una pizza que viajó de Chicago a Roma no disminuye la autoridad de su ministerio; al contrario, la enriquece. Lo muestra no como una figura lejana y etérea encerrada en palacios, sino como alguien con quien podríamos identificarnos, alguien que disfruta de los pequeños placeres de la vida. 

Esta "evangelización de la normalidad" es crucial en nuestro tiempo. Demuestra que la santidad no consiste en ser seres extraordinarios y ajenos al mundo, sino en vivir una vida ordinaria con un amor extraordinario. Cuando el mundo ve a un Papa que puede hablar de teología profunda un día y al siguiente disfrutar de un dulce infantil, recibe un mensaje poderoso: la fe no es una abstracción, sino algo que se encarna en la vida real, con sus gustos, sus nostalgias y sus alegrías. 

En última instancia, que al Papa le gusten los "Peeps" nos recuerda que la Encarnación continúa. Dios se hizo hombre, y los hombres que lideran su Iglesia siguen siendo plenamente hombres. Y esa humanidad, lejos de ser una debilidad, es quizás una de las herramientas más eficaces para conectar con el corazón de las personas y mostrarles el rostro cercano y misericordioso de Dios.