
CIUDAD DEL VATICANO — En su reciente catequesis sobre la constitución Lumen Gentium, el Papa León XIV ha querido derribar uno de los muros más persistentes en la mente de muchos fieles: la idea de que la santidad es una meta exclusiva para una élite espiritual. Para el Pontífice, la santidad es el "corazón de todo" y un don otorgado a cada bautizado sin excepción.
El Papa fue tajante al definir que la santidad no debe reducirse a un simple compromiso ético o a un cumplimiento de normas. En cambio, la define como la "perfección de la caridad", un movimiento del corazón que informa y rige todos los medios de santificación. Como señala el experto Javier Martínez Brocal, esta visión se aleja de la prepotencia y se centra en la humildad del servicio: “El bien no puede provenir de la prepotencia; la santidad es caminar entre las persecuciones del mundo y las consolaciones de Dios”.
El Martirio del día a día
Un punto clave del mensaje de León XIV es la redefinición del martirio. Aunque lo reconoce como el testimonio supremo de la fe, el Papa recordó que esta disposición debe hacerse realidad "hoy mismo". El martirio moderno se manifiesta cada vez que un cristiano deja señales de amor en la sociedad, comprometiéndose activamente por la justicia y la paz, temas que hoy se encuentran en el epicentro de la agenda vaticana.
La experta Inés San Martín destaca que este llamado tiene una dimensión profundamente misionera: “Es un recordatorio clave de que el objetivo de la Iglesia es la evangelización”. Para San Martín, la santidad que propone León XIV no es estática, sino que empuja al bautizado hacia afuera, hacia el prójimo y hacia la transformación de la realidad social.
Dones para la libertad
Al hablar de los consejos evangélicos —pobreza, castidad y obediencia—, el Papa ofreció una perspectiva refrescante. Lejos de ser "cadenas" o restricciones, León XIV los describió como "dones liberadores" del Espíritu Santo. Estos consejos liberan al ser humano del cálculo egoísta y de la desconfianza, permitiendo un corazón puro para el servicio.
El análisis de la semana concluye que la propuesta de León XIV busca devolverle al cristiano la alegría de su vocación primaria. La santidad es, en última instancia, la plenitud del amor hacia Dios y hacia el prójimo, una meta que, aunque elevada, es el derecho y el deber de cada miembro de la "manada" de Cristo.
