
En el episodio 39 de Descifrando a León, nos sumergimos en uno de los rincones más oscuros y fascinantes de la historia del papado. De la mano de José Manuel De Urquidi, viajamos al siglo VII para rescatar la figura de León II, un Pontífice cuyo breve reinado (682-683) dejó una huella indeleble en la comprensión de la autoridad papal. No por haber conquistado territorios, sino por haber tenido la integridad de ratificar la condena de uno de sus predecesores: el Papa Honorio I.
El polémico Concilio de Constantinopla III
Para entender el papel de León II, primero debemos situarnos en el caos teológico de la época. La Iglesia luchaba contra el monotelismo, una doctrina que sugería que Cristo tenía dos naturalezas pero una sola voluntad. En medio de esta disputa, años atrás, el Papa Honorio I había escrito unas cartas privadas a Sergio de Constantinopla que, si bien no definían dogma, daban pie a la confusión.
Como explicó José Manuel De Urquidi, el Sexto Concilio Ecuménico (Constantinopla III) tomó una decisión sin precedentes en la historia de la Iglesia. En las actas del concilio se lee textualmente: “Decidimos que Honorio, Papa de la antigua Roma, queda anatematizado”. Esta condena post-mortem buscaba purificar la doctrina de cualquier sombra de ambigüedad.
León II: El equilibrio entre la autoridad y la verdad
Cuando León II asumió el solio pontificio, se encontró con los decretos de este concilio sobre la mesa. Su respuesta no fue el silencio defensivo, sino la ratificación valiente. Sin embargo, León II introdujo un matiz jurídico que hoy sigue siendo clave para los teólogos.
“León II ratificó esos decretos aclarando en cartas al emperador y a los sacerdotes que Honorio era culpable de negligencia”, explicó José Manuel De Urquidi. Según el análisis presentado en el podcast, el nuevo Papa no acusó a su predecesor de haber inventado una herejía de forma activa, sino de algo que en el derecho canónico moderno sigue siendo una falta grave. “Él simplemente omitió proclamar la fe apostólica romana, permitiendo su subversión”, subrayó José Manuel De Urquidi.
Este gesto de León II es fundamental porque, sin destruir la figura del Sucesor de Pedro, reconoció que un Papa puede fallar en su deber de vigilancia. La experta Inés San Martín añadió en la mesa de análisis que este tipo de precedentes son los que nos ayudan a entender que la Iglesia es una institución divina, pero gestionada por hombres sujetos a error.
La infalibilidad en su justo lugar
El caso de León II y Honorio I es utilizado frecuentemente en debates ecuménicos y apologéticos. Durante el episodio, se aclaró que este suceso no contradice el dogma de la infalibilidad papal declarado siglos después en el Concilio Vaticano I.
José Manuel De Urquidi detalló que Honorio I nunca definió sus posturas Ex Cathedra (desde la cátedra, con intención de obligar a toda la Iglesia), sino que sus cartas fueron privadas. “Incluso teólogos como San Roberto Belarmino confirmaron que hubo un error de hecho en la interpretación del Concilio, pero León II reafirmó que la omisión en la enseñanza de la fe es motivo de condena”, explicó el conductor.
Esta lección histórica resuena con fuerza en el presente del Papa León XIV. Como señaló el experto Javier Martínez-Brocal, la transparencia y el rigor doctrinal no son opcionales para quien ostenta el poder supremo. La historia de León II nos recuerda que el Espíritu Santo guía a la Iglesia, pero requiere de la cooperación y la valentía de sus ministros para no permitir que la confusión se asiente.
Una Iglesia que aprende de sus sombras
El rescate de este archivo no es un ejercicio de arqueología estéril. En un momento donde el Vaticano de León XIV busca reformar sus tribunales y su administración, recordar que un Papa como León II fue capaz de señalar la negligencia de un predecesor es un signo de salud institucional.
“El Espíritu Santo va guiando su historia... guía a su Iglesia a lo largo de la historia”, reflexionó José Manuel De Urquidi al cerrar la sección. La figura de León II nos enseña que la verdadera fidelidad a la fe apostólica no consiste en ocultar las debilidades del pasado, sino en corregirlas con claridad y humildad.
Para los oyentes de Descifrando a León, este viaje al "Archivo de los Leones" ha sido un recordatorio de que la autoridad en la Iglesia es, ante todo, un servicio a la verdad. Y cuando ese servicio falla por negligencia, la propia historia —y sus sucesores— se encargan de poner las cosas en su lugar.
Escucha el episodio completo:
