
Más allá de las paredes de la parroquia
En su reciente catequesis del miércoles 1 de abril, el Papa León XIV ha lanzado un mensaje que resuena con la fuerza del Concilio Vaticano II: los laicos no son "colaboradores" externos, sino sujetos activos y necesarios de la misión de la Iglesia. Inspirado en la constitución Lumen Gentium, el Pontífice ha recordado que el bautismo es el único "título de propiedad" necesario para evangelizar el corazón del mundo.
“La Iglesia no es de lo que se tienen que encargar el clero”, sentenció la experta Inés San Martín, resumiendo el espíritu del discurso papal. Para León XIV, el clericalismo —esa tendencia a esperar que el sacerdote resuelva cada aspecto de la vida eclesial— es un freno para la expansión del Reino de Dios en las esferas de la política, la economía y la cultura.
Identidad y Misión en el Siglo XXI
El análisis del Papa es pragmático y urgente. Al llamar a los laicos a ser "discípulos misioneros", León XIV retoma el concepto de "Iglesia en salida" de su predecesor, pero le añade un matiz de orden y formación académica. No se trata solo de salir, sino de saber estar en el mundo con la competencia profesional y la coherencia de vida que el Evangelio exige.
José Manuel de Urquidi destacó durante el análisis del episodio que esta visión de León XIV busca que el laico asuma su papel "en las estructuras temporales". La misión no termina en el servicio del altar o en la limpieza del templo; la verdadera misión del laico comienza cuando cruza la puerta de la iglesia hacia su oficina, su hogar o su universidad.
El modelo de los testigos del Resucitado
El Papa propuso como modelos a María Magdalena, Pedro y Juan. Ellos, al encontrar la tumba vacía, no esperaron un permiso administrativo para anunciar lo que habían visto. “Estamos llamados a llevar la presencia de Cristo a todas las esferas de la vida y así transformarlas desde adentro”, explicó la experta Inés San Martín sobre el llamado del Papa a dar testimonio de la "belleza de una vida en Cristo".
Este "nuevo trato" entre el clero y el laicado que propone León XIV es, en realidad, una vuelta a las fuentes. En un mundo que parece preferir la indiferencia, el Papa nos recuerda que cada bautizado tiene una palabra que decir y una luz que encender.
