
Cada vez que visitas el Vaticano y ves esas imponentes murallas que separan al Vaticano de la Ciudad Eterna, estás contemplando la obra de un León: el Papa León IV, quien gobernó la Iglesia del 10 de abril del año 847 al 17 de julio del año 855.
“Roma acababa de ser saqueada por los sarracenos y este Papa dijo ‘esto no nos vuelve a pasar’”, explicó el vaticanista Javier Martínez Brocal en el Achivo de los Leones del podcast “Descifrando a León” de Juan Diego Network

La historia es fascinante: León IV fue elegido Papa por unanimidad en un momento en que la ciudad eterna estaba bajo shock por el saqueo que había sufrido apenas un año antes.
Lo más curioso de este Papa es que no conocemos su nombre civil, simplemente no se registró en los documentos históricos. Pero lo que sí sabemos es que fue un líder decidido que entendió la importancia de la protección en momentos muy complicados por las invasiones.
León IV amuralló toda la Basílica de San Pedro y los territorios circundantes, creando lo que algunos conocen como la “Ciudad Leonina”. Estas murallas, que aún hoy protegen parte del Vaticano, fueron su respuesta directa a la vulnerabilidad que había experimentado Roma.
Hay quienes especulan que durante esa invasión sarracena se perdieron los restos del apóstol San Pedro, aunque esto nunca se ha confirmado. Lo que es indudable es que las murallas de León IV son un testimonio vivo de tiempos complejos de la historia.
Siglos después, cuando otros invasores llegaron, incluidos soldados españoles y alemanes como lo compartió Javier, las murallas demostraron tener limitaciones.
Cuando veas esas piedras milenarias, recuerda: fueron puestas ahí por otro León, uno que sacó la garra en el siglo noveno.
