León XIV en Francia: la UNESCO, Europa y una Francia laica que ya no se ríe de la Iglesia

El Papa llega al país de la laicidad con una agenda que va de la educación al futuro de Europa. Detrás del itinerario hay una lectura de fondo sobre cómo ha cambiado la relación entre Francia y la Iglesia católica en la última década.

Con guerras abiertas, la inteligencia artificial en el centro del debate y un ecosistema informativo lleno de noticias falsas, León XIV ha elegido una parada que a muchos les parecerá anacrónica: la sede de la UNESCO en París, el organismo de Naciones Unidas dedicado a la educación, la ciencia y la cultura.

La elección tiene peso propio. En los últimos tiempos los organismos de la ONU han sido cuestionados, y más de uno se pregunta abiertamente si sirven para algo. Que el Papa vaya precisamente ahí, y que lo haga para hablar de educación, es para Javier Martínez-Brocal, el vaticanista, una forma de decirle al mundo que sigue apostando por el multilateralismo.

El análisis se escuchó en el episodio más reciente de Descifrando a León, el podcast de Juan Diego Network, donde Martínez-Brocal dividió su lectura del viaje en dos planos: lo que el Papa va a hacer en Francia y lo que esa visita significa para Europa, para Occidente y para las sociedades de tradición cristiana.

La UNESCO: un escenario que casi ningún Papa ha pisado

Solo un Papa había visitado antes la UNESCO: Juan Pablo II, en 1980, al comienzo de su pontificado y en plena proyección de su influencia mundial.

Benedicto XVI estuvo en París, pero no fue a la UNESCO. Su visita, como recordó José Manuel De Urquidi, tuvo un formato mucho más reducido, sin los actos masivos que tendrá esta. Martínez-Brocal subrayó, sin embargo, que en ese viaje Benedicto pronunció en el Collège des Bernardins uno de los discursos más importantes de su pontificado.

¿Por qué importa tanto la UNESCO como escenario? El vaticanista lo explicó desde su origen. La institución nace de una convicción: los acuerdos políticos no bastan para construir una paz duradera. Hace falta ayudar a los países en la educación, en el desarrollo de la ciencia y en la cultura, porque de ahí brotan la colaboración entre naciones, el respeto a la justicia y el cultivo de las libertades fundamentales. La educación aparece como raíz de todo lo demás.

La paz, añadió, es el horizonte de toda la familia de Naciones Unidas; la FAO combate el hambre también para evitar guerras.

Urquidi, que confesó no tener mucha confianza en la ONU, valoró que el Papa siga teniendo esperanza en ella. Y anotó que varios de los fines de la UNESCO, como la paz y la lucha contra la pobreza, coinciden con prioridades que León XIV ha marcado desde el inicio.

Se da por hecho que el Papa hablará de inteligencia artificial. Martínez-Brocal cree que irá más lejos. Su pronóstico para la tarde del viernes fue directo: "va a haber tomate". Espera, en otras palabras, un discurso con contenido fuerte.

Hablarle a Europa desde Francia

El segundo acto político del viaje es un discurso dirigido a Europa. Según explicó el vaticanista, fue el propio Papa quien quiso incluir en la agenda una intervención ante el continente, aprovechando su paso por Francia.

El momento no es casual. Europa atraviesa, en palabras de Martínez-Brocal, una crisis de identidad y de madurez, y no está claro si se trata de una adolescencia o de una vejez. Emmanuel Macron invitó a los líderes europeos a escuchar al Papa. No todos aceptaron; el vaticanista mencionó a Giorgia Meloni entre quienes no estarán.

Urquidi conectó este discurso con algo que ya se había comentado en el podcast meses atrás: las visitas del Papa a monasterios benedictinos, leídas entonces como una forma de mirar hacia las raíces cristianas de Europa. Y recordó el precedente del Congreso de los Diputados en España, donde el Papa fue aplaudido mientras lanzaba críticas en varias direcciones. La pregunta que queda es si en Francia repetirá ese estilo.

Diez años que cambiaron la mirada de Francia

La parte más interesante del análisis llegó cuando Martínez-Brocal trajo la lectura de Cyprien, periodista de I.Média, la agencia francesa especializada en información católica, a quien describió como una enciclopedia andante. Para él, la situación de la Iglesia en Francia ha cambiado mucho en los últimos años, y lo explica a través de una serie de momentos concretos.

  • El primero fue el asesinato del padre Jacques Hamel, hace diez años. El presidente de la República acudió a esa iglesia y agradeció a la Iglesia católica y a la prensa católica su manera de reaccionar, porque ayudaron a apagar el fuego del odio. Al mismo tiempo, entre los musulmanes, que en su inmensa mayoría rechazaron el atentado de raíz radical, se extendió la iniciativa de acudir a las iglesias para mostrar solidaridad y condenar el crimen.

  • El segundo fue el incendio de Notre Dame. Según la lectura que compartió el vaticanista, aquel fuego hizo tomar conciencia a la Francia laica del valor de su patrimonio cristiano. Si se cae Notre Dame, se cae el país. A partir de ahí, alcaldes y obispos empezaron a colaborar para cuidar mejor las iglesias.

  • El tercero fue la pandemia. Durante el COVID, muchos párrocos ayudaron a la población sin distinguir entre musulmanes, cristianos o no creyentes. Personas sin fe vieron que de la Iglesia salían valores cívicos muy positivos.

  • El cuarto fue la crisis de los abusos. Hubo un informe cuyo método fue criticado por muchos, pero que llevó a los obispos a afrontar el problema y revisar cómo lo gestionaban. La sociedad francesa, según este análisis, lo vivió como un momento de credibilidad.

  • Y el quinto, la guerra en Ucrania, que recordó a los franceses que ya no viven en un mundo sin amenazas y que la seguridad vuelve a ser una preocupación real.

La conclusión de Cyprien, recogida por Martínez-Brocal, es que todo este recorrido ha ayudado de algún modo a despertar la fe de las personas. Por eso tiene sentido que el Papa se reúna en este viaje con adultos que se preparan para el bautismo.

Urquidi aportó un dato que va en la misma línea. Tras los numerosos bautizos de adultos de la última Pascua, los obispos franceses crearon un grupo de trabajo para estudiar el fenómeno. Muchos de esos conversos, explicó, empezaron su camino en internet, a partir del contacto con personas que evangelizan en línea.

Martínez-Brocal sumó una escena que le contó un párroco. Para muchos jóvenes, el funeral de la abuela se ha convertido en un momento de pregunta sobre la fe familiar. Van a sus padres y les preguntan por qué nunca les hablaron de la fe de los abuelos. Admiran en esa abuela una vida coherente, confiada y alegre que no siempre ven en la generación intermedia, y eso los acerca al cristianismo.

De Urquidi advirtió que se trata de anécdotas, y que cada historia es distinta. Pero vio en ellas un patrón que también se observa en España: después de que el péndulo se fuera al extremo del laicismo más hostil, con un siglo XX muy duro para la Iglesia en Francia, algo empieza a moverse en sentido contrario.

De lo folclórico a una fuerza de bien

El contraste que planteó Cyprien es claro. Cuando murió Juan Pablo II, la prensa francesa hablaba de la Iglesia con cierta ironía, en términos folclóricos, como una herencia del pasado y no como una fuerza viva de la sociedad.

Hoy, aunque Francia está más secularizada, está también más abierta al mensaje de la Iglesia. La ve como una fuerza dinámica de bien en una sociedad a la que le faltan guías en el terreno de los valores. Eso no significa que todos estén de acuerdo. Pero Martínez-Brocal citó el comentario de una parlamentaria francesa: solo el Papa reflexiona sobre la inteligencia artificial, solo el Papa mira a largo plazo.

El vaticanista reconoció el límite de este cambio. Muchos valoran a la Iglesia como un lugar de vínculos y de solidaridad, pero les falta dar el salto, y ese salto requiere un encuentro personal con Dios, algo que entra ya en el misterio de la fe. Lo nuevo es que la referencia a Dios como punto de partida para el desarrollo social ya no provoca risa.

En este contexto, Martínez-Brocal sostuvo que León XIV ha encontrado un lenguaje y un tono para hablar a la sociedad que antes no se percibía, con capacidad para señalar sus problemas y proponer soluciones. Y la Francia laica lo está aprovechando.

Tampoco es que antes se viera mal a los Papas. Tras la visita de Francisco a Marsella, recordó, aumentaron muchísimo los donativos de franceses al Óbolo de San Pedro. Lo que ha cambiado, a su juicio, es que con el tiempo Francia empieza a ver en el Papa una referencia que antes no veía. La ideología laicista, explicó, nació del miedo a que un poder externo interfiriera en los asuntos públicos. Ese miedo, en relación con la Iglesia, se ha superado de una forma muy sana.

Macron, Notre Dame y la coherencia de León

Queda la pregunta que más titulares ha generado: por qué el Papa no aceptó que Macron lo acompañara en Notre Dame, en un gesto que algunos leyeron como un desaire.

Martínez-Brocal, que dejó claro que se trata de su opinión, propone entender a León XIV como una persona coherente, no hostil hacia nadie, que no toma decisiones para fastidiar a un gobierno y que prefiere explicar sus posiciones. Recordó un dato de protocolo: en los viajes papales siempre se ofrece al Pontífice una cena de Estado, y siempre la han rechazado Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y ahora León. El protocolo papal no prevé condecoraciones ni banquetes de honor.

Notre Dame es otro asunto. Francia pagó mucho dinero por su reconstrucción, que se ha convertido en un símbolo del gobierno de Macron, y el presidente quería mostrarle ese fruto al Papa. Según la interpretación del vaticanista, el Papa habría considerado que ya se verán en el Elíseo por la mañana, y que la presencia del presidente en un acto en la catedral, que al parecer es un encuentro con obispos y sacerdotes de París, no era oportuna.

El motivo que apunta Martínez-Brocal es que esa imagen podría transmitir que no hay problemas entre la Iglesia y Macron, cuando el presidente ha impulsado dos decisiones muy graves: convertir el aborto en un derecho constitucional y aprobar una ley de eutanasia que, hasta donde él entiende, no permite la objeción de conciencia institucional. En teoría, un hospital católico estaría obligado a practicarla, lo que llevaría a encontrar una solución o a cerrar hospitales católicos. El Papa, en su lectura, no quiere que ese desacuerdo se relativice.

El vaticanista cerró con un consejo que nadie le pidió, como él mismo dijo: esta decisión podría haberse explicado mejor por personas cercanas al Papa. Cuando el rechazo a una propuesta de un Estado se interpreta de un modo que no encaja con lo que el Papa ha hecho hasta ahora, vale la pena dar explicaciones.

La semana que viene, en Descifrando a León, el podcast de Juan Diego Network, se sabrá si hubo el "tomate" anunciado en la UNESCO y qué le dijo León XIV a Europa.


Escucha el análisis completo en el episodio de esta semana de Descifrando a León, con Javier Martínez-Brocal y José Manuel De Urquidi, en descifrandoleon.com. Síguenos para no perderte la cobertura del viaje del Papa a Francia. Descifrando a León, podcast de Juan Diego Network.