
Un tumor detectado a tiempo, una biopsia pendiente y un viaje de 11 días con 14 vuelos. La convalecencia del Papa pone a prueba la transparencia vaticana y deja ver qué tipo de pontificado quiere ejercer León XIV.
En Roma ya no se pregunta solo si el Papa podrá viajar a Argentina, Uruguay y Perú, sino cuánto de ese viaje depende de los médicos y cuánto de una decisión personal de León XIV.
El Papa salió del hospital el sábado, tres días antes de lo previsto. El miércoles 21 de octubre presidió la audiencia general, recorrió la plaza en el papamóvil bajo la lluvia y cantó el Padrenuestro y la bendición. Entre un momento y otro hubo una entrevista médica publicada en un horario inusual y una polémica alrededor del cardenal Parolin. Juntas, esas escenas muestran a un Papa que está manejando su enfermedad con una apertura poco común y que parece decidido a que la convalecencia no frene el pontificado.
Un diagnóstico que llegó a tiempo
Un Papa, como cualquier jefe de Estado, se somete a chequeos médicos cada tres o cuatro meses. En uno de esos controles apareció el nódulo, en una fase muy inicial.
Javier Martínez-Brocal, el vaticanista, lo explicó sin rodeos: si a alguien le tienen que descubrir un tumor, ese es el momento. Los médicos optaron por la prudencia y extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, que tiene tres lóbulos. En una persona sana el cuerpo se adapta a esa pérdida sin consecuencias relevantes para la vida cotidiana. Javier, que aclaró no ser experto y basarse en lo que ha leído, lo comparó con quitar el apéndice.
Por eso habló del “mejor escenario posible” para alguien con un tumor maligno: detección temprana y una cirugía en la que se extirpó todo lo que se quería extirpar.
La comparación con Francisco surgió enseguida, porque durante años circularon rumores sobre el pulmón del Papa argentino. Según explicó Javier, no existía historial médico de aquella operación, hecha cuando Francisco tenía veintipocos años, y ni él mismo sabía con exactitud qué le habían hecho. Todo apunta a que le quitaron unos ganglios y, para hacerlo, parte del pulmón, por una causa distinta a un tumor.
Inés San Martín, la experta, añadió un dato con peso biográfico: esa intervención fue el motivo por el que, ya como jesuita, a Francisco no le permitieron ser misionero en Asia, que era su sueño.
Lo que todavía no sabemos
Hay dos datos importantes que siguen sin conocerse. El primero es el resultado de la biopsia y de las pruebas en los ganglios linfáticos, que permitirán ponerle “apellidos” al tumor y saber si hay metástasis. Es un cultivo, con un tiempo técnico que no se puede acelerar ni siquiera tratándose del Papa, como apuntó Inés. El plazo es de entre 10 y 15 días desde la operación, lo que sitúa los resultados a partir de esta misma semana.
El segundo es el tamaño del nódulo extirpado. Los periodistas lo preguntaron varias veces al portavoz y no se informó. Javier insistió en que lo menciona sin ánimo de reclamar.
¿Se harán públicos los resultados? Eso, dijo Javier, lo decidirá el Papa. E Inés marcó un límite razonable a la transparencia: por muy pública que sea su figura, León XIV es una persona con hermanos y amigos, y tiene derecho a contárselo primero a ellos.
-ACTUALIZACIÓN DESPUÉS DE GRABACIÓN DEL EPISODIO-
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Una nueva manera de comunicar
Aquí está, probablemente, lo más relevante de estas semanas. Inés destacó lo que considera progresos extraordinarios en la comunicación vaticana. El primero, estirar los tiempos estimados de hospitalización: es mucho mejor noticia que al Papa le den el alta antes a que tenga que quedarse tres días más. Javier coincidió con esa lectura, aunque la planteó como teoría propia.
El segundo, más significativo, es que fue el propio Papa quien anunció desde la ventana que sería internado para que le extirparan un tumor del pulmón. Para Inés, esa transparencia, esa previsibilidad y esa honestidad hablan de nuevos aires en la comunicación del Vaticano.
El contraste histórico lo pusieron los dos, y fue uno de los momentos más reveladores de lo que se mencionó en el podcast de Juan Diego Network, Descifrando a León. Inés recordó las conferencias de prensa de Joaquín Navarro-Valls durante las hospitalizaciones de Juan Pablo II, cuando se informaba que el Papa había comido unos biscotti mientras tenía una traqueotomía. Javier contó la primera enfermedad papal que le tocó cubrir, la de Juan Pablo II en 2004: la oficina de prensa cerró a las tres de la tarde y una religiosa le dijo que todo iba bien y que al día siguiente se vería.
Frente a eso, Javier fue tajante: no conoce a ningún otro jefe de Estado que haya sido tan transparente con su propia salud como León XIV.
Eso no significa que todo haya salido bien. La noche de la operación, a las 7:50 de la tarde, llegó el mensaje de que la cirugía había ido muy bien. Dos horas después se informó que habían extirpado un tumor maligno. Ambas cosas eran ciertas, pero la secuencia desconcertó a los periodistas. Inés, además, cree que hace falta pensar con más profundidad cómo comunican los dicasterios, y ve con esperanza la llegada de Montserrat Alvarado, que empieza el 1 de noviembre en la comunicación de la Santa Sede.
Parolin y el problema de la cita recortada
En medio de esa nueva apertura, una frase del cardenal Parolin generó la mayor polémica de la semana. Al salir de una embajada le preguntaron por el Papa y respondió que estaba preocupado y que, si a su regreso hubiera que remodular el pontificado, se remodularía. Algunos medios, católicos y seculares, lo leyeron como un gesto de resentimiento por el cónclave o como un intento de debilitar al Papa.
Javier no vio la frase tan polémica. La entendió como redistribuir el trabajo de otro modo y recordó que el propio cardenal aclaró después que se refería al viaje. Inés ofreció una lectura con dos caras. Le parece injusto, innecesario y poco cristiano que para algunos atacar a Parolin sea casi un deporte, y rechazó la idea de un cardenal que quiere socavar el pontificado. Al mismo tiempo, cree que el comentario no fue del todo acertado. Leído completo no es polémico y hasta le parece honesto, pero un hombre con su trayectoria sabe que lo van a recortar. Y la aclaración llegó cuando la noticia ya estaba instalada.
Inés recordó que en Crux, trabajando con John Allen, pedía publicar entera cualquier cita polémica. El ejemplo contrario es el “¿quién soy yo para juzgar?” de Francisco, que fuera de contexto sigue circulando con un sentido distinto al original.
Sobre la acusación de fondo, los dos coincidieron. Javier la calificó de absurda, porque nadie en su sano juicio quiere ser papa.
El médico que habló en clave diplomática
La otra pieza clave fue la entrevista a Stefano Margaritora, el cirujano que operó al Papa y uno de los mayores expertos del mundo en este tipo de cirugías. Javier, con todo su respeto por el médico, la calificó como lo más “marciano” de la semana por el momento elegido: un sábado por la tarde, con el Papa ya en casa, después de días en los que se repetía que los médicos no hablarían. La publicó Vatican News y la hizo Andrea Tornielli, director editorial de los medios vaticanos.
Su valor, según Javier, es diplomático. Preguntado por la recuperación, el cirujano habló de la “posibilidad” de un viaje largo con desplazamientos en avión dentro de tres semanas y dijo que no veía motivos clínicos para que no se realizara. Una forma de decir que el Papa viaja sin terminar de decirlo. Mientras tanto, Javier tiene entendido que en el Palacio Apostólico ya están planchando camisas y sotanas, e Inés confirmó que en Argentina se siguen montando escenarios.
El médico dejó otro dato: el Papa hace más de lo que le piden. Inés puso un ejemplo, el de mover sillas en la capilla antes de celebrar misa al día siguiente de una cirugía de pulmón. “Entre el poder, el querer y el deber hay una enorme diferencia”, dijo, confiada en que él sabe distinguir entre los tres. Como recordó José Manuel De Urquidi, el contraste con Francisco, poco dado a hacerle caso a los médicos, es evidente.
Qué significa “gradualmente”
En su primer Ángelus tras el alta, León XIV agradeció las oraciones y anunció que retomaría su trabajo gradualmente. En esa palabra, dijo Javier, se esconde el misterio de los próximos días.
La audiencia general de este miércoles dio pistas. El Papa saludó a los fieles, se detuvo a escuchar a una peregrinación de Sevilla que rezaba una Salve, cantó y salió en el papamóvil bajo la lluvia. El lunes y el martes no tuvo actividades en su agenda. Para Javier, lo gradual se tradujo en dos días de descanso, y después el Papa volvió a la plaza a pleno. Con lo visto en la audiencia, bromeó, podría ir al Machu Picchu.
Inés añadió un matiz: se sabe que el Papa está haciendo rehabilitación, y cantar podría formar parte de ese trabajo de respiración con el diafragma.
El viaje como decisión de pontificado
Todo converge en el viaje. Javier, que irá en el vuelo papal, dio las cifras: 11 días, 14 vuelos y unos 14.000 kilómetros solo de ida. Un día en Perú incluye el salto de Cusco, a unos 3.400 metros de altura, a Pucallpa, a 150 metros, una zona de mucho calor y humedad.
¿Por qué asumir ese esfuerzo? Javier compartió una interpretación que le dio otra persona: el Papa quiere ir a Perú para agradecer a ese país lo que hizo por Robert Francis Prevost, por cómo forjó su carácter y su corazón. Para Javier, tiene que ser mucho lo que está en juego para que el Papa decida hacer las maletas se encuentre como se encuentre.
Inés lo conectó con un precedente: Francisco y su determinación de ir a República Centroafricana aunque tuvieran que tirarlo en paracaídas. El contexto era otro, un país en guerra civil, pero para aquel Papa no ir no era una opción por lo que su presencia significaba para la gente del lugar. Algo parecido, sostiene Inés, ocurre ahora con Perú.
Su conclusión: es un viaje que el Papa no puede hacer sin el permiso de los médicos y que, al mismo tiempo, es necesario por muchas razones, no solo porque haga falta la imagen de un Papa fuerte en el avión.
Una maquinaria que no se detuvo
Un último dato completa el retrato. Dos días después de la cirugía, por iniciativa propia, León XIV llamó a Vladimir Putin para pedir condiciones de seguridad para los civiles de la ciudad ucraniana de Oleshky, y después habló con Volodímir Zelenski.
Como explicó Javier en el podcast de Juan Diego Network, Descifrando a León, la Santa Sede no se detuvo en ningún momento durante la operación del Papa. Es como si León XIV tuviera prisa por recuperarse para no ser, entre comillas, un peso para la Iglesia. Javier lo calificó de ejemplar.
Quedan por delante los resultados de la biopsia y la confirmación definitiva del viaje. Con eso se sabrá si “gradualmente” significaba cautela o solo un fin de semana de descanso antes de 14 vuelos.
El análisis completo, con todos los matices de Inés San Martín y Javier Martínez-Brocal, está en el episodio más reciente. Escúchalo completo, mira el análisis en video y sigue a Descifrando a León en Instagram y en DescifrandoLeon.com para enterarte de la confirmación del viaje en cuanto llegue.
Descifrando a León, podcast de Juan Diego Network.
